Y la maestra, a la marchanta, nos tomaba lectura en voz alta .Y a pesar de que no me costaba leer y de que ensayaba en mi casa , yo me moría de vergüenza si me tocaba. El corazón me latía al galope y los ojos me empezaban a llorar, y de a poquito se me empezaba a nublar la vista y las letras borrosas y la voz del que leía, lejana, como si escuchara bajo el agua y entonces, decían mi nombre, e imaginaba que tartamudeaba y todos se reían. Y Gustavo D, que leía de corrido y con sentimiento, también se reía, y a mí se me desinflaba el corazón.
Nunca me pasó. Pero cada vez que "la seño" tomaba lectura, yo imaginaba todo esto.