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domingo, 18 de marzo de 2012

Verano

Cuando las vacaciones consistían en no ir al colegio. Y te dejaban jugar en la vereda hasta que anochecía.
Te metías en pelopinchos, piletas que no hacías pie, mar y ríos y nadabas sin saber. Jugabas con niños que no conocías. Nunca te quejabas de la arena y la sal en el pelo. Ni de las picaduras de los mosquitos porque te gustaba sacarte las cascaritas. Odiabas la hora de la siesta y solamente la soportabas si te despatarrabas con un libro. La merienda era una frescura de jugos de colores o "vascolé" como le decía tu mamá. Masticabas el hielo con placer. Y esperabas el carnaval para armar guerras de bombucha con todo el barrio. Era la única estación del año que te dejaban andar descalzo.
Como todo era nuevo y una aventura no tenías la necesidad que tenés hoy de "irte de vacaciones".
Y la felicidad se alcanzaba con un helado de palito.







5 comentarios:

andrea kandrej dijo...

Realmente es así...me transportó a la niñez..Gracias

ALVARO. dijo...

Puedo entrar en el ùltimo pàrrafo y vestirme de heladero? Subir al triciclo:"palito,bombòn,helado!!".Con un poco de suerte me queda uno para mì al fin del recorrido.Gracias,Anita.La vida es ternura.-

ojos de suri dijo...

Gracias! Andrea! qué linda visita.


Claro, Álvaro, para mí era una felicidad escuchar el grito del heladero que venía al barrio en su bicicleta. Mi mamá no estaba muy contenta de escucharlo porque la solía despertar en su hora de la siesta.

Jaime Santo dijo...

Buen blog, me gusta lo que escribes, es interesante como cada persona puede plasmar tantos temas en uno, yo lo que busco en un blog es que me mantenga interesado y si son diferentes ámbitos mejor.

Saludos.

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Darío Pérez Darío dijo...

Me identifico 100% con lo que escribís. La hora de la siesta los fines de semana para mi eran un aburrimiento. Toda la gente de la cuadra la respetaba. Yo me iba a la casa de un chico que quedaba casa por medio de la mía y lo llamaba para jugar. Aunque más no fuera a través de la reja de entrada de la casa. él siempre se escabullía y traía la llave de su casa y me abría. Jugabamos en un jardín con unos durazneros cercanos a una pileta de natación de cemento pequeña pero profunda, para nosotros y siempre nos retaba la madré de él que era asmática, porque decía que hacíamos mucho ruido. También jugamos a la guerra con unas ametralladoras de plástico con una palanquita que al girarla hacía un ruido parecido a una ametralladora. Un beso Ana.