La mayoría de los cuentos de hadas infantiles son trágicos. Originalmente nacidos del inventario campesino en la cruda Edad Media, fueron trasmitidos de forma oral por generaciones. Con el tiempo, los hermanos Grimm, Perrault y Andersen los recopilarían y los destinarían, finalmente, al público infantil.
En Hansel y Gretel, ambos padres devorados por el hambre y la pobreza , y con un feroz instinto de supervivencia, traman un plan para dejar abandonados a sus hijos en pleno bosque a merced de los animales salvajes. En 1840 , los hermanos Grimm, reemplazan a la madre por la villana top de los cuentos de hadas: la madrastra, quién convence al pusilámine padre de realizar tremenda tareita.
Bruno Bettelheim argumenta que los cuentos clásicos ayudan a la educación y el crecimiento del niño en cuanto lo enfrenta con sus más atroces fantasías y sus más grandes temores. En este contexto fantástico el mundo se vuelve seguro. El desenlace siempre es tranquilizador. El final feliz es un tópico.
Lo que más recuerdo de este cuento, la imagen que más me impactó de chica, era esa increíble casita de chocolate. Cada vez que tenía una edición de Hansel y Gretel en mis manos, ansiosa buscaba la ilustración de esa casita de golosinas, construída de obleas y caramelos. Una real contentura.
Para seguir curioseando:
_ Tatar, María. Los cuentos de hadas clásicos anotados. Editorial Crítica. Barcelona. 2004.
_Bettelheim, Bruno. Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Editorial Crítica. Barcelona. 1988.
_ Grimm, Jacob, Wilhelm. Hansel y Gretel. Pop-up. Libros animados. Editorial Norma. Colombia.1983. (Regalado por los tíos Susana y Rodolfo).